
A principios de la década de 1980, una joven llamada Blanca Andreu ganó el Premio Adonais de poesía por De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, se convirtió en la enseña de una corriente lírica llamada neosurrealismo, se casó con uno de los narradores españoles más influyentes y menos leídos, publicó otros dos libros y luego casi desapareció. Durante los años siguientes sus versos antiguos se encontraban en casi todas las antologías españolas de poesía reciente y en todas las de mujeres poetas, pero para leer los nuevos hubo que esperar a la publicación, en 2002, de La tierra transparente, un libro que pasó desapercibido. Ahora, nueve años después, vuelve con Los archivos griegos, de cuya publicación, afortunadamente, sí se han hecho eco los periódicos y suplementos culturales.
Un feliz regreso, del que reproduzco una muestra:
A UN CIPRÉS DE LA ACRÓPOLIS
Verás, ciprés, hermano
de los lirios
me recuerdas a un hombre
que amé y murió
y que era como tú alto y oscuro.
Delgado como música de cuerda
también su alma era ática
ascendía en la noche
por la secreta escala
de sí mismo
buscándose
buscando el alto cielo
como tú.


